Cubiertas de invierno, compuestos y presiones

Cuando llega el invierno solemos preocuparnos por la ropa, los guantes o los cubrezapatillas, pero hay otro componente cuyo comportamiento también cambia con la temperatura y el estado de la carretera: las cubiertas.

Una buena cubierta de verano puede seguir funcionando perfectamente durante buena parte del invierno español. Pero cuando combinamos temperaturas bajas, asfalto mojado, suciedad, gravilla y carreteras deterioradas, empiezan a cobrar importancia otras características distintas de la pura velocidad.

Compuesto, carcasa, protección antipinchazos, anchura y presión pasan a formar parte de una misma decisión.

Una cubierta de invierno no es simplemente una cubierta con más dibujo

En bicicleta de carretera el dibujo de la banda de rodadura tiene bastante menos importancia de la que solemos atribuirle.

La huella de contacto es pequeña y las velocidades son muy inferiores a las de un automóvil, por lo que el aquaplaning tradicional no es el gran problema.

Pirelli explica incluso que las ranuras de algunos neumáticos ciclistas de invierno buscan principalmente modificar la deformación de la banda y favorecer que el compuesto alcance condiciones adecuadas de funcionamiento.

La verdadera diferencia suele estar en:

  • Compuestos formulados para trabajar mejor con frío y humedad.
  • Carcasas algo más protegidas.
  • Capas antipinchazos adicionales.
  • Mayor volumen en algunas versiones.

El caucho también cambia con la temperatura

Los compuestos no mantienen exactamente el mismo comportamiento mecánico a cualquier temperatura.

Por eso los fabricantes desarrollan mezclas específicas para uso durante todo el año.

Schwalbe, por ejemplo, utiliza actualmente su compuesto ADDIX 4-Season en la One 365 y destaca específicamente su capacidad de mantener agarre con bajas temperaturas.

Esto nos da una pista importante:

en invierno el compuesto puede ser más relevante que el dibujo.

Mojado no significa simplemente bajar muchísimo la presión

Reducir ligeramente la presión puede aumentar la capacidad de la cubierta para adaptarse a las irregularidades del asfalto y mejorar el contacto efectivo.

Pero convertir esto en “llueve = quitar 1 bar” sería una simplificación peligrosa.

La presión correcta depende de:

  • Peso del conjunto.
  • Anchura real de la cubierta.
  • Ancho interno de la llanta.
  • Tipo de carcasa.
  • Distribución de peso delantero/trasero.
  • Sistema tubeless o cámara.

Una cubierta de 30 mm sobre una llanta moderna puede trabajar a presiones bastante inferiores a una antigua 25 mm sin necesidad de esperar a que llueva.

Por eso conviene pensar primero en presión adecuada para nuestro sistema y después realizar pequeños ajustes según superficie y condiciones.

En invierno la cubierta delantera merece especial atención

Un pequeño deslizamiento de la rueda trasera puede ser recuperable.

Perder adherencia bruscamente en la rueda delantera suele ser bastante más difícil de salvar.

Por eso tiene sentido priorizar agarre y confianza delante.

Eso no significa necesariamente montar dos modelos diferentes, pero sí evitar la tentación de apurar demasiado una cubierta delantera envejecida simplemente porque todavía conserva goma.

La carcasa también determina el agarre

No todo depende del compuesto.

Una carcasa flexible puede deformarse mejor alrededor de pequeñas irregularidades del asfalto.

Pero aumentar demasiado la protección antipinchazos suele añadir material y puede modificar esa flexibilidad.

Tenemos por tanto un compromiso:

velocidad y tacto ↔ protección y durabilidad.

Durante el invierno muchos ciclistas aceptan una pequeña penalización de resistencia a la rodadura a cambio de disminuir la probabilidad de reparar un pinchazo bajo lluvia y frío.

Precisamente por eso puede ser interesante consultar nuestra selección de cubiertas de carretera para invierno, donde el criterio de elección no es únicamente cuál rueda más rápido.

Por qué aumenta el riesgo de pinchazo en determinadas carreteras invernales

Después de días de lluvia aparecen con frecuencia:

  • Pequeñas piedras.
  • Restos vegetales.
  • Fragmentos de vidrio desplazados hacia el arcén.
  • Suciedad acumulada.
  • Baches y grietas.

Además, rodamos más tiempo con poca luz y resulta más difícil detectar pequeños objetos.

En esas circunstancias una cubierta con refuerzo adicional puede tener bastante sentido.

Si éste es tu principal problema, nuestra guía de cubiertas antipinchazos de carretera es un destino más específico que una comparativa general.

28, 30 o 32 mm para invierno

La tendencia hacia cubiertas más anchas también tiene ventajas prácticas cuando el asfalto está deteriorado.

Con el mismo ciclista, una cubierta con más volumen permite utilizar menor presión manteniendo suficiente margen frente a impactos.

AnchuraUso orientativo
28 mmCarretera relativamente buena, respuesta rápida y gran compatibilidad
30 mmMuy buen equilibrio entre volumen, confort y velocidad
32 mmAsfalto roto, gran fondo, invierno y máxima tolerancia a baja presión

Esto presupone, naturalmente, que cuadro, horquilla y llanta admitan esa medida con margen suficiente.

El ancho nominal no es el ancho real

Una 28 mm puede medir 29, 30 o incluso más dependiendo del ancho interno de la llanta.

Por eso, si tu bicicleta tiene poco espacio libre, no deberías elegir una cubierta únicamente leyendo el número lateral.

En nuestra guía de cubiertas de carretera 700×28 esta cuestión es especialmente importante con ruedas modernas de canales internos más anchos.

Tubeless en invierno: ventajas y matices

El tubeless permite trabajar con menos presión y puede sellar automáticamente pequeñas perforaciones.

Eso resulta especialmente atractivo cuando la carretera está sucia.

Pero requiere:

  • Sellante en buenas condiciones.
  • Válvulas funcionando correctamente.
  • Una estrategia de reparación para agujeros grandes.
  • Llevar todavía cámara de emergencia en determinadas rutas.

No es un sistema sin mantenimiento.

Controlar la presión con más precisión merece la pena

Cuando rodábamos a 7 u 8 bar, una diferencia de 0,2 bar apenas llamaba nuestra atención.

Con cubiertas modernas trabajando a presiones bastante más bajas, esa misma diferencia representa proporcionalmente mucho más.

Por eso un buen manómetro puede ayudarnos a repetir configuraciones que sabemos que funcionan.

No buscamos una precisión de laboratorio. Buscamos repetibilidad.

Cuándo cambiar una cubierta antes del invierno

No esperaría necesariamente a que aparezca la lona.

Conviene revisar:

  • Cortes profundos.
  • Goma muy cuadrada.
  • Pequeños bultos.
  • Daños en el flanco.
  • Hilos visibles.
  • Pinchazos repetitivos.

El invierno es precisamente el peor momento para intentar exprimir los últimos 500 km de una cubierta que ya ofrece dudas.

Qué buscar en una buena cubierta de invierno

Para la mayoría de ciclistas de carretera priorizaría:

un compuesto fiable en frío y mojado + suficiente protección + volumen adecuado + una presión bien ajustada.

No necesariamente necesitamos la cubierta más pesada ni la más blindada.

Tampoco la más rápida en un tambor de laboratorio.

Necesitamos una cubierta que mantenga un comportamiento predecible cuando la carretera deja de ser perfecta.

En invierno no intentaría ganar agarre únicamente bajando presión. Empezaría por una cubierta adecuada, comprobaría su estado y después ajustaría presión y anchura al peso, llanta y superficie.

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